La historia de La Colmenita
El creador de La Colmenita mantiene su espíritu juvenil
Carlos Alberto Cremata Malberti, de 52 años, es conocido afectuosamente por los niños actores de La Colmenita como “Papá Tin”; y es él la fuerza imparable con noble espíritu quien guía esta tropa. Era casi inevitable que él estuviera donde está actualmente. Creció rodeado de una familia de actores cuyas vidas se entretejieron con la historia tormentosa de Cuba.
Su hermano mayor, Juan Carlos Cremata, es un famoso director de cine cuyos filmes reflejan las preocupaciones de los cubanos en relación con la diáspora en Cuba y su división económica. Su hermano menor es actor y su madre, Iraida Malberti, es una de las directoras de televisión más reconocidas de Cuba.
Pero fue su padre, un trabajador de una línea aérea, que estaba entre las 73 personas asesinadas en el sabotaje del vuelo de Cubana de Aviación, quien se convirtió en su mayor inspiración.
“Él fue mi mejor maestro”, recuerda Tin. Su papá los motivaba a representar obras de teatro en la casa y para los vecinos. Cuando Tin se subió a un escenario siendo un adolescente, Los Beatles dominaban la radio. Tin, sus hermanos y primos crearon una banda que doblaba a Los Beatles. La emoción que sintió Tin lo convenció de que cada niño debía sentir la sensación que provocaba estar en el centro del escenario.
En 1990, Tin y un grupo de aficionados al teatro fundaron “La Colmena”. La idea no era solamente permitir a los niños sentir la emoción del aplauso, sino también crear un lugar para que los niños usaran el arte y la creatividad en pos de desarrollar valores humanos.
“No queremos ser actores. Queremos jugar al teatro”, dice Tin. “Así que no somos realmente una compañía profesional. No es eso en lo que estamos interesados. La Colmenita es un lugar donde el teatro y el arte se utilizan como herramientas para convertirnos en mejores personas.”
Su punto de partida no pudo haber sido peor, o mejor. El año en el que la tropa comenzó fue el inicio de lo que se conoció en Cuba como “Período Especial”. Fue una época de severa escasez luego de la limitación de la ayuda del bloque soviético a la isla y la intensificación del bloqueo económico de los Estados Unidos.
Sin inmutarse, los miembros de La Colmena empacarían accesorios y disfraces en sus bicicletas e irían pedaleando hasta vecindarios de la clase obrera alrededor de la capital y hasta zonas rurales fuera de La Habana para presentarse en parques municipales. Presentaron obras de Shakespeare, Tirso de Molina y Lope de Vega tanto en inglés como en español.
Los inventos en tiempos de escasez forzaron al grupo y a sus familias a improvisar creativamente. Abuelas y madres rompieron ropas viejas para hacer el vestuario. Padres e hijos construyeron escenarios. Cuando no había electricidad las lámparas de petróleo se convirtieron en sus luces de escena.
Cuenta Cremata que al principio tenían que depender de la comunidad y de recursos reciclados para tener sus propios accesorios a pesar de las necesidades, ahora esto es parte de su vida diaria. El grupo se ha convertido en una clase de bálsamo nacional. En el momento en que haya un huracán o inundación, La Colmenita va detrás, y a veces al frente de los servicios de emergencia para levantar el espíritu de los afectados por el fenómeno.
La Colmenita toma clásicos infantiles como Cenicienta, Pinocho, La Caperucita Roja y Alicia en el país de las maravillas y hace su propia versión con el encanto cubano. Estos personajes desarrollan sus historias y cantan sus canciones al ritmo de la música caribeña o la de los Beatles vestidos con los diseños que inspiraron a Maurice Sendak.
Este concepto se ha adoptado e imitado por el mundo. Veinte años después de la fundación de La Colmenita, compañías de teatro infantil similares han sido creadas en España, Venezuela, Panamá, Bogotá, Colombia, Argentina, República Dominicana y México.
“Nos estamos multiplicando como abejas”, dice Tin. “Podemos compartir con otros uno de los mejores conceptos que se han creado. Sin embargo, su corazón, su sabiduría, eso es totalmente cubano”.
Existen dos palabras clave que salen en las conversaciones con cualquiera que esté asociado al grupo de teatro: familia y diversión. Si alguien en La Colmenita no se está divirtiendo, está en el lugar equivocado. Todo gira alrededor de los niños. Si un espectador mira hacia arriba para ver a los técnicos de luces y sonido, verá niños encima de ellos.
Tin ha llevado esta ambición un paso más adelante. Ha llevado el proyecto teatral hasta escuelas para niños con problemas visuales o auditivos y niños con Síndrome de Down, cáncer, dificultades en el aprendizaje o parálisis cerebral.
Para muchos de estos niños, el ser parte de La Colmenita, donde sus discapacidades desaparecen en el escenario, es el mejor momento de sus años escolares.
Incluso ahora, Mabel Cedena Perez, de 23 años, recuerda su momento en el escenario con sobrecogimiento. Su silla de ruedas no opacó su luz en el escenario. “Ese día él escogió un grupo de niños para representar la obra La cucarachita Martina y yo estaba entre ellos. ¡Fui la Abeja Reina! ¡Qué alegría! Nunca pensé que llegaría a hacer algo como esto”, recuerda Mabel.
Al mirar los 21 años con La Colmenita, Tin se siente orgulloso de los logros de la compañía. Actualmente tiene su propio teatro en el Complejo Cultural del Convento de San Francisco de Asís en el corazón de la Habana Vieja. “El teatro se construyó en el lugar de nuestros sueños y hemos hecho un palacio de él, habitado y defendido por niños.”
En el 2007 la UNICEF declaró a La Colmenita “Embajadora de Buena Voluntad”, el único grupo de teatro en el mundo con esta distinción.
“Las personas siempre me preguntan cómo mantengo este espíritu de niño”, dice Tin. “Cuando estás rodeado de niños es imposible, imposible ser mayor”
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La Colmenita Story
La Colmenita Creator Keeps the Spirit of Youth
Carlos Alberto Cremata Malberti, 52, is affectionately known to the child performers of La Colmenita as “Papa Tin” and he’s the unstoppable force with a gentle spirit that guides the troupe. It was almost inevitable that he would be where he is today. He grew up surrounded by a family of performers whose lives are interwoven with Cuba’s turbulent history.
His older brother, Juan Carlos Cremata, is a celebrated film director whose movies reflect Cuba’s complicated senTinents about the Cuba’s diaspora and its economic divide; his younger brother is an actor and his mother, Iraida Malberti, is one of Cuba’s best known television directors.
But it was his father, an airline worker who was one of 73 people killed in the 1976 bombing of a Cubana Airlines flight, who was his deepest inspiration.
“He was my greatest teacher,” Tin recalls. His father pushed the family to put on plays at home and for neighbors. When Tin took to the stage as a teenager, the Beatles ruled radio. Tin, his brothers and cousins created a band that lip synched to the Beatles. The exhilaration that Tin felt convinced him that every child should feel the thrill of being center stage.
In 1990, Tin and group of theater aficionados started up “La Colmena.” The idea was not only to allow children to feel the heady sensation of applause, but rather to build a place for children to use art and creativity to develop core values and ethics.
“We don’t want to be actors. We want to play at acting,” says Tin. “So, we’re not really a professional company. That’s not what we’re interested in. La Colmenita is a place where theatre and art are used as tools to become better people.”
His Tining couldn’t have been worse – or better. The year the troupe began was that start of what became known as Cuba’s so-called “special period,” a Tine of severe deprivation after the Soviet bloc cut off assistance to the island and the United States intensified its economic blockade.
Undeterred, La Colmena members would pack props and costumes on their bicycles and pedal to working-class neighborhoods around the capital and to rural areas outside Havana to perform in municipal parks. They performed Shakespeare, Tirso de Molina, and Lope de Vega in both Spanish and English.
Ginning up operations in a Tine of scarcity forced the troupe and their families to improvise creatively. Grandmothers and mothers ripped apart old clothes to make costumes. Fathers and sons built stages. When power outages occurred, kerosene lamps became their klieg lights.
Cremata says at first they had to rely on the community and recycled resources to get things done out of necessity, now it’s part of their usual practices. The troupe has become a kind of national balm. Whenever there is a hurricane or flood, La Colmenita is right behind — and someTines ahead of — emergency assistance to lift the spirits of those who are affected.
“La Colmenita” takes children’s classics like Cinderella, Pinocchio, Little Red Riding Hood, and Alice and Wonderland, and gives them their own beguiling Cuban twist. These characters act out their stories and sing their songs to Caribbean music, or the Beatles while dressed in Maurice Sendak-inspired costumes.
This concept has been embraced and emulated around the world. Twenty years after the founding of La Colmenita, similar children’s’ theater companies have opened in Spain, Venezuela, Panama, Bogota, Colombia, Argentina, the Dominican Republic and Mexico.
“We are multiplying like bees,” says Tin. “We can share with others one of the best concepts that has been created. But its heart, its wisdom – that’s all Cuban.”
There are two key words that filter into conversations with anyone associated with the theater group – family and fun. If anyone in La Colmenita isn’t having fun, they’re in the wrong place. The focus is all about the kids. If a spectator looks up to see the lighting and sound technicians, he will see children beside them.
Tin has pushed this ambition a step further: He has brought the theater project to schools for children with visual or auditory problems and children with Down’s syndrome, cancer, learning difficulties or cerebral palsy.
For many of these children, having a part in La Colmenita where their disabilities fade into the scenery is the highlight of their school years.
Even now, 23-year-old Mabel Cedena Perez, recalls her moment on stage with awe. Her wheelchair did not dim her spotlight. “That day, he chose a group of children to perform the play, Martina the Cockroach, and I was among them. I got to play the Queen Bee! What joy! I never thought that I’d get to do something like this,” says Mabel.
Looking back over his 21years with La Colmenita, Tin is proud of the company’s accomplishments. The company has its own theater in the Cultural Complex of the San Francisco de Assis Convent in the heart of Old Havana. “The theater was built in the image of our dreams and we have made a palace of it, inhabited and defended by children.”
In 2007, UNICEF made La Colmenita “Goodwill Ambassadors,” the only theater group in the world with this distinction.
“People always ask me how I keep this childlike spirit,” he says. “When you are surrounded by kids it is impossible, impossible to be older.”



